Desde el sofá, con el portátil en una mano y el móvil en la otra, desde la pantalla de 40 pulgadas y los canales de pago, nos lamentamos por la penosa situación de los países tercermundistas. Somos incapaces de mover un dedo por esa gente que muere de hambre, a la que se le ha negado una sanidad digna de un ser humano. A la que no se le permite prosperar como persona ni como país. Y aquí seguimos Señores y Señoras, sentados, observando lastimeramente como hay países que se hunden en la miseria, mientras otros roban, matan y corroen el planeta. Pero claro, para que actuar, si esto solo es un beneficio para aquellos que son adinerados, pues si no hubiera pobres, tampoco habría ricos...
Todos juntos cuidemos el planeta, pero sobre todo, a las personas que lo habitan. Nadie es menos que otro/a, ¿Por qué no ayudarles a salir de ese estado de pobreza?
La educación es la mejor forma de ayudarles, pues como docentes debemos de crear personas que sean capaces de pensar por si mismas, que tomen sus propias decisiones y que no sean meras ovejas obedientes y sumisas.
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